lunes, 11 de enero de 2010

LA EDUCACION EN FINLANDIA

JOSÉ COCA PRADOS, catedrático de la Universidad de Oviedo de España nos comparte su experiencia en Finlandia.


Recientemente, fui invitado a una tesis doctoral en la Universidad de Lappeenranta y siendo mi primer viaje a Finlandia tenía especial curiosidad en descubrir el secreto del éxito de ese país en aspectos tan esenciales.

Los niños finlandeses comienzan la etapa escolar a los 7 años. En los años anteriores asisten a guarderías en las que a través del juego aprenden a responsabilizarse y a desarrollar sus primeras habilidades, entre las cuales destaca la lectura. En su etapa escolar hasta los 15 años (Educación Primaria) alcanzan un buen nivel en matemáticas, ciencias en general y lenguas extranjeras. En los tres últimos años de Bachillerato (Educación Secundaria), los alumnos se dividen en dos grupos: uno se orienta hacia lo que se podría considerar formación profesional y otro, a estudios universitarios. Se hace, así, una clasificación que permite conseguir un mayor nivel de las enseñanzas en un período crucial para su formación.

Los alumnos que siguen estudios universitarios (educación terciaria) pueden dirigirse a los institutos politécnicos o a las universidades. En los primeros, la formación se orienta hacia el desarrollo profesional, y en las universidades, hacia los niveles superiores, en los que la investigación es un componente fundamental. Hay unas veinte universidades (con un corto número de titulaciones) y unos 30 institutos politécnicos, para una población de 5,3 millones de habitantes.

La Universidad de Lappeenranta, y en concreto el departamento de Ingeniería Química, que visité con detalle, está bien dotado de medios docentes y de investigación. Todos los edificios están interconectados, debido al riguroso clima invernal, y se puede llegar a la biblioteca o a la cafetería/comedor sin salir al exterior. Muchos de los cursos se imparten en inglés, y entre los profesores hay rusos, polacos y otras nacionalidades, un índice de su movilidad y diversidad.

Tuve la oportunidad de conversar con algunos profesores y con el rector de la Universidad de Lappeenranta, persona de gran sencillez cuyo prestigio no deriva de su cargo. Me comentó que con el proceso de Bolonia se han introducido algunos cambios, pero serán mínimos con la estructura elegida. Los institutos politécnicos tendrán un programa de 4 años, mientras que en la Universidad se ha optado por el modelo de 3+2 años. Los graduados en politécnicos tendrán que realizar algunos cursos para incorporarse al grado de máster, que se puede continuar con el doctorado.

La presentación de la tesis doctoral es peculiar. El manuscrito es examinado por evaluadores externos que hacen su crítica y señalan posibles erratas, que se toman en consideración en la memoria final. Uno de los evaluadores será después el «oponente», que estará presente en la defensa. El director de la tesis se sitúa entre el doctorando y el oponente, y dirige el protocolo, pero no interviene durante la defensa. El doctorando expone su trabajo, luego el oponente imparte un seminario (unos 30 minutos) sobre el tema de la tesis y a continuación comienza el turno de preguntas. El proceso tiene un límite de 6 horas, pero con la mitad del tiempo suele ser suficiente. Finalmente, el oponente propone una calificación, que es matizada por el director de la tesis. Sólo las tesis más brillantes, un 15 por ciento del total, alcanza la calificación máxima.

Los presupuestos de los departamentos y los sueldos de los profesores se establecen al final del año y se basan en el número de cursos impartidos, tesis dirigidas, publicaciones, libros, congresos, etcétera. Han de cubrirse unos formularios muy detallados, y cada profesor puede prever cuál será su sueldo, que oscila entre los 4.000 y 10.000 euros mensuales. En la actual época de crisis, para obtener financiación se recurre a la industria, que no suele defraudar en sus aportaciones. En el caso de proyectos industriales de investigación se suplementa en 2,5 veces su importe con financiación pública.

Finlandia no da la impresión de ser un país acelerado, pero tiene un alto nivel de educación, es el cuarto país de la OCDE en publicaciones per cápita y en 2007 realizó del orden de 1.800 patentes; y es que los finlandeses están entre los trabajadores más productivos del mundo. El sistema funciona debido a una sociedad que se preocupa por la educación de los escolares, de la lectura (hay un gran número de librerías y bibliotecas), del conocimiento de idiomas (habla inglés desde el primer ministro hasta el empleado del supermercado) y que es consciente de que cuando el país no tiene muchos recursos naturales, el conocimiento bien dirigido es lo que adquiere más valor. Además, cuenta con profesores preparados, adecuadamente seleccionados y con gran dedicación.

Pero quizá lo que más impresiona es la confianza de la sociedad finlandesa en sus instituciones, la honestidad/honradez de sus ciudadanos y la muy escasa corrupción. No todos los países son temperamentalmente iguales y quizá para muchos son inalcanzables las metas a que ha llegado Finlandia, pero es inevitable sentir una sana envidia, sobre todo cuando se procede de países con «mil lagunas».

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